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architecture d'intérieur, décoration, design d'objets

CasaViva

Caja de sorpresas

Un tríplex cargado de humor, arte gráfico, muebles reciclados y objetos de variada procedencia es la propuesta del diseñador catalán Carlos Pujol para una pareja en la cuidad de Reims, al noreste de Francia.

Por Yvonne Meyer /// Fotografía y estilismo: Anne-Catherine Scoffoni

Con la intervención del diseñador Carlos Pujol, lo que fuera una edificación compuesta por cuatro pequeños estudios independientes se convirtió en la casa soñada de una pareja amante del diseño y la vanguardia. Pujol llevó a cabo no sólo la propuesta arquitectónica del proyecto, sino el interiorismo y el diseño de muebles específicos y de ciertos objetos para transformar esos cuatro espacios, aburridos y oscuros, en ambientes abiertos, amplios y muy llamativos, que con la remodelación alcanzan los 250 m2 de área interior. Se buscaba, asimismo, proyectar el estilo de vida contemporáneo de los propietarios –que oscilan entre los cuarenta años– y hacer de este un lugar acorde con las tendencias vigentes del diseño y la decoración. Otro de los requisitos era incorporar el exterior, de alguna forma, al inmueble. Pujol resolvió esta inquietud al crear en el nivel superior una terraza abierta.

La etapa inicial del proyecto fue la remodelación arquitectónica. La redistribución de los espacios fue uno de los temas claves a la hora de intervenir la vivienda de tres niveles, con un nivel inferior adicional de acceso. Con este fin, Pujol demolió muros divisorios, y dio lugar a ambientes abiertos que conectaran el área social y la cocina. Al eliminar paredes, la vieja escalera se integró a toda la construcción, lo que amplió significativemente cada uno de los niveles. Los dormitorios y baños se situaron en la primera planta.

Para ganar luminosidad, parte del piso del tercer nivel se reemplazó por vidrio de modo que la zona social y la cocina, que Pujol ubicó en el segundo nivel, contaran con entrada de luz natural procedente de la terraza. El tercer nivel o superior tuvo también una importante intervención arquitectónica, pues se creó una oficina estudio y se generó una terraza aumentando en 50 m2 el espacio habitable de la casa.

En cuanto estuvo lista la obra civil, Pujol se dedicó de lleno a trabajar en la propuesta del diseño interior y la decoración. Reconocido por su perfeccionismo, pero a la vez por su estilo caprichoso y divertido, el diseñador dejó en este proyecto volar su imaginación. Su gusto por el arte gráfico, los Beatles, las historias de infancia, los cómics, los muebles reciclados y objetos transformados pero con un nuevo uso se evidencian en cada ambiente. Aparecen entonces colores brillantes, héroes de historietas, y un sinfín de elementos que logran sorprender a cualquiera.

 “¿La clave de este apartamento? Crear un espacio inusual y peculiar. Me pasé un montón de tiempo con los propietarios y descubrí que compartíamos una serie de referencias culturales. En este tríplex, el eclecticismo está presente en todos los materiales, colores, estilos y épocas. Lo vintage y lo contemporáneo se mezclan perfectamente en los ambientes”, explica Carlos.

Fanático de la personalización de objetos, el diseñador seleccionó para la sala un sofá de la marca francesa Cinna y lo trabajó con plástico metalizado, mientras que unas poltronas de la firma Qui est Paul fueron intervenidas por el artista S.L. Moon, quien las derritió al fuego y las transformó. Otro elemento llamativo en el área social es la lámpara colgante realizada con 280 pares de lentes encontrados en la fundación internacional Emaús. Bajo la escalera de metal con peldaños incrustados al muro, que conduce del área social al tercer nivel, se exhiben tres Vespas de los años cincuenta y una torre elaborada con viejos libros de cómics insertos en un tubo. Añosas cajas de madera en las que se acomodaron objetos en desuso, como una gastada raqueta de tenis o uno de los primeros computadores Apple, ambientan la sala.

El tema del reciclaje también inspiró la cocina. Para el comedor, Pujol diseñó dos enormes mesas con ruedas, que cuentan con un marco de metal; sobre estas se instalaron superficies de madera lijadas y barnizadas procedentes de antiguos pisos.

Viejos revestimientos de madera se adecuaron para cubrir los muebles de almacenamiento de la firma Ikea. El toque de humor lo dan las manijas de botones dispuestas al azar sobre los armarios, así como las jarras y frascos de vidrio reciclados que fueron convertidos en lámparas de techo. Para el piso de esta zona, se escogieron baldosas de cemento con diseños de vieja data.

En el corredor de dormitorios y baños del primer nivel, Carlos diseñó, inspirado en el cuento Alicia en el País de las Maravillas, puertas falsas, de diferentes tamaños, molduras y colores, mezcladas con otras reales, que generan confusión visual.

En este proyecto los muros también tienen un papel preponderante. Llaman la atención los pintados de gris grafito; los que se cubrieron con páginas en blanco y negro de viejas revistas de Paris Match; los que exhiben ladrillo a la vista o piedra de las construcciones originales; y aquellos a los que se les aplicaron vinilos adhesivos de superhéroes o pin-up girls.

La escalera que va del primero al segundo nivel se intervino de manera singular y divertida. Cada frente de escalón se pintó con una tonalidad de la carta de colores RAL y se especificó su referencia con un adhesivo impreso digitalmente.

El dormitorio principal cuenta con un baño abierto en el que se instaló un lavamanos de Duravit, duchas italianas; y en las paredes, baldosas tono aluminio. Un gran espejo que refleja todo el espacio aporta la sensación de amplitud. La pared junto a la cama, de piedra y ladrillo, recuerda las dos etapas sucesivas de intervención del inmueble.

En el tercer nivel se creó un mezzanine  o entresuelo que fue según Pujol la parte más complicada de la obra, pues además de los numerosos permisos requeridos, fue necesario construir un marco estructural de madera con la ayuda de una grúa externa de 60 m de altura. La nueva terraza que Pujol concibió tiene por finalidad ofrecerles a los propietarios una zona al aire libre en donde pueden relajarse o compartir con amigos. Con la remodelación, la altura del tercer nivel aumentó a 2,3 m, lo que permitió crear una oficina en la que Carlos puso especial atención en la distribución y funcionalidad del área. Al igual que en el resto del apartamento, muchos de los muebles fueron hechos a la medida, entre los que se destaca la mesa de trabajo inspirada en un ala de avión. Aquí también impacta el Superman gigante pegado en el techo, escaneado de un libro de cómics e impreso digitalmente en adhesivo, que se ve incluso desde la sala gracias al piso de vidrio de la oficina.

Es evidente que el tríplex es una clara muestra de eclecticismo en la que ninguna tendencia en particular prevalece. “Es terrible estar encasillado en los conocidos estilos. Uno debe reinventarse constantemente. El peor comentario que puedo recibir ante un proyecto es que me digan que tiene mi estilo, mi toque”, asegura el diseñador. 

 

Carlos Pujol

Nació en Barcelona, España, y emigró a los seis años a Ardennes en Francia. Su interés por las ciencias y su pasión por el dibujo lo llevaron a estudiar arquitectura. Al finalizar su formación se estableció en París, en donde laboró para agencias de publicidad y comunicación. Sin embargo, su vocación por el espacio y sus habilidades creativas lo regresan al diseño y la arquitectura de interiores. Sus primeros trabajos fueron pequeños, pero con el pasar de los años ha realizado destacados proyectos como hoteles, restaurantes y viviendas.

 

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